
Mario Moreno Cantinflas, Gabriel Figueroa y el alumbrador Daniel López (a la izquierda de la imagen), durante la filmación de una escena de El señor fotógrafo.
Chapultepec, Cd. de México, 1952.
Colección Fundación Televisa. |
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Candilejas
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Gabriel Figueroa Mateos nació en la ciudad de México el 24 de abril de 1907. Desde edad temprana conoció la orfandad y los vaivenes de la fortuna. Su madre murió cuando él vino al mundo y su padre nunca se pudo recuperar de esa pérdida. Junto con su hermano Roberto, Gabriel pasó su infancia al cuidado de tías paternas. Creció en un entorno familiar en que hubo escritores liberales, simpatizantes de diferentes caudillos revolucionarios y viudas empeñosas. Dilapidada su herencia por la mala administración de los albaceas, los hermanos Figueroa abandonaron sus estudios para ganarse la vida. Gabriel dejó de asistir a la Academia de San Carlos y al Conservatorio Nacional, a donde había sido conducido por sus primeras inclinaciones artísticas: el dibujo y la música. La fotografía, que comenzó a aprender con Lalo Guerrero, se convirtió en su medio de subsistencia.
Entre 1927 y 1932, Gabriel Figueroa se formó como fotógrafo. Trabajó en un estudio de la calle Guerrero, donde la gente era retratada al frente de telones pintados y bajo luz natural. Después estuvo a las órdenes de Juan de la Peña, encargado de un negocio que varios fotógrafos capitalinos fundaron para competir contra unos colegas rusos que se habían instalado en la avenida Hidalgo. (Para mejorar el bajo precio que éstos cobraban por sus trabajos, Figueroa llegaba a producir diariamente, a cambio de un peso de salario, hasta cien docenas de retratos ovalados.)
Pero fue en el fotoestudio Brooklyn donde se le revelaron los misterios del artificio fotográfico. Al frente de ese local estaba José Guadalupe Velasco, pionero en el uso de iluminación artificial, gran maestro en el retoque de negativos y bohemio cultor del desnudo artístico. La fama de sus trucos embellecedores —las bocas de corazón y pestañas bien delineadas, entre ellos— le hicieron ser el favorito de actrices y bailarinas del teatro de revista: “Toda la vida lujuriosa de México iba ahí a retratarse”, recordaría años más tarde su discípulo.
Finalmente, en sociedad con su amigo Gilberto Martínez Solares, el joven Figueroa estableció su propio fotoestudio. Actrices como Sara García o Consuelo Frank, la bailarina Issa Marcué y otros artistas, le encargaron sus imágenes promocionales.
En la realización de esos retratos en que son reconocibles los influjos del pictorialismo y el expresionismo, Figueroa afinó sus artes fotográficas. Publicaciones como México al Día o Filmográfico publicaron las imágenes con que contribuyó a la difusión de las famas y modas de una época que deseaba dejar atrás la polvareda revolucionaria. Mientras trabajaba en el estudio que Gilberto Martínez Solares estableció, tiempo después, en la calle Madero, trabó amistad con Alex Phillips, uno de los cinefotógrafos estadounidenses que colaboraba en la naciente industria fílmica mexicana. Con su recomendación pudo ingresar, como stillman o fotógrafo de fijas, a los estudios en que sucedían milagros como el que hizo reencarnar a Marlene Dietrich en el cuerpo de Andrea Palma.
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Gabriel Figueroa Mateos.
Retrato de la actriz Adriana Lamar posando para una imagen promocional del maquillaje Coty.
El anuncio apareció publicado en
la contraportada de la revistaFilmográfico, n. 16, julio de 1933.
Colección Fundación Televisa.
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