Un capítulo casi olvidado en la historia MODERNA de la fotografía es la obra de Claude Cahun (1894-1954). Aunque poco apreciados en su momento, sus trabajos fotográficos de los años veinte y treinta —en especial sus autorretratos y fotomontajes— representan un acercamiento crítico e innovador a la estética vanguardista de su época.
Algunos factores han confluido para darle el status de artista marginada: Cahun fue una mujer vinculada con el surrealismo—movimiento artístico en el que predominaba el elemento masculino—, una lesbiana y una judía perseguida por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. _ La virtual oscuridad que rodea la figura de Cahun puede ejemplificarse con el hecho de que, hasta hace poco, se daba por sentado que la fotógrafa había muerto en un campo de concentración. En realidad, murió más de una década después de la Segunda Guerra Mundial. También ha quedado significativamente fuera de las historias del arte moderno europeo: incluso un volumen tan abarcador y especializado como Women Artists of the Surrealist Movement de Whitney Chadwick (1985) omite la discusión sobre la artista, posiblemente por la naturaleza indeterminada de su primer nombre. El "descubrimiento" de Claude Cahun en los ochenta se debe, en gran medida, al trabajo de una nueva generación de curadores e historiadores del arte que tomó a su cargo el producir interpretaciones revisionistas de los movimientos de la historia del arte. Como resultado, el trabajo de Cahun ha sido incluido, en los últimos años, en varias exposiciones de museos y galerías importantes. Además, la primera biografía completa de la vida y la obra de Claude Cahun fue, finalmente, publicada en 1992.
Nacida bajo el nombre de Lucy Renée Matilde Schwob, en la ciudad francesa de Nantes, de una familia de escritores y editores prósperos, Claude Cahun se educó en la Sorbona. Mientras vivió en París, desde los años veinte hasta 1937, realizó varios tipos de trabajos como artista, escritora, traductora, actriz y destacada activista de izquierda. Cahun también se movió en los círculos intelectuales parisinos de mayor influencia: conoció (y fotografió) a figuras tales como André Breton, Jacqueline Lamba Breton, Sylvia Beach, Henri Michaux y Robert Desnos. Con la irrupción de la guerra y por motivos personales, se estableció en la Isla de Jersey, en el Canal de la Mancha, donde vivió recluida hasta su muerte en 1954 en compañía de su hermanastra, colaboradora artística y compañera de toda la vida, Suzanne Malherbe.
La fotografía de Cahun abarca tres aspectos distintos: autorretratos (y, en menor medida, retratos de artistas y escritores con los que se vinculó), fotomontajes y tableaux o mise-en-scènes, creadas ex-profeso para la cámara en su estudio o en exteriores. Desde comienzos de su carrera como fotógrafa, que abarca aproximadamente de 1920 a 1940, la imaginería de Cahun revela una intensa preocupación por sí misma. Los pocos autorretratos que sobreviven de su adolescencia reflejan un sentido de identidad incierto, a veces lúdico. Durante los años veinte, sin embargo, produjo un cuerpo notable de autorretratos que iban mucho más allá del ensimismamiento propio de la juventud. Estas fotos reflejan una creciente obsesión por la identidad y, de manera más amplia, ponen en discusión el papel de las mujeres en la sociedad moderna, así como las nociones aceptadas de femineidad. En estos trabajos, Cahun presenta a una persona constantemente fluctuante: se retrata como su padre,(4) como un dandy calvo enfundado en un traje de hombre, como una estatua de Buda, como una muñeca agrandada con una perturbadora máscara de madera sobre su rostro y como un mutante repulsivo de cabeza bizarra y alargada. Con estas formas de presentación, Cahun señalaba su rechazo de las limitaciones y de los roles (tradicionalmente basados en el género) impuestos a las mujeres por la sociedad, al tiempo que proyectaba en ellas una gama de deseos no convencionales, de actitudes y posibilidades. Por lo demás, con las dicotomías que Cahun estableció a través de estos trabajos, entre cualidades tales como masculino/femenino, atracción/repulsión, cómico/serio, etc., la fotógrafa sugería que, en un nivel básico, toda personalidad supone contradicción. Más que funcionar como una entidad cohesiva, la identidad se convierte en esos términos, en una serie de ficciones y verdades, preguntas y afirmaciones, reunidas todas para formar una visión de la realidad siempre cambiante.
Para Cahun, la identidad era una búsqueda seria y un juego obsesivo a la vez. Hacia fines de los años veinte —un período de marcada creatividad para la artista— usaba máscaras como accesorios en sus autorretratos, proyectando un sentido elusivo y plural de la realidad.
En un autorretrato de 1928, aproximadamente, la artista mira directamente a la cámara, pero su rostro se halla enteramente oscurecido por la gran máscara de un misterioso rostro femenino. Otras máscaras cuelgan de su oscura capa. Cahun se vale de esos medios para sugerir que el acto de desenmascarar produce, él mismo, otra máscara, otra persona, y que la búsqueda del propio ser verdadero es, en última instancia, fútil. En un autorretrato de la misma época, la autora se presenta más parecida a la vida real, con el cabello severamente cortado, con rasgos andróginos y una mirada fija y penetrante. Posa junto a un espejo, produciendo, al hacerlo, una imagen doble de sí misma. No resulta claro, sin embargo, si ambos semblantes presentan una imagen confiable de la realidad. El espejo se convierte, así, en otro artificio más destinado a intensificar la calidad laberíntica de las auto(re)presentaciones de Claude Cahun.
Cahun es también responsable de una serie de fotomontajes creados específicamente como ilustraciones de un trabajo literario que publicó en 1930, Aveux non Avenus.(5)
Escrito en primera persona, el libro es, en el sentido más laxo, una biografía que mezcla textos narrativos y poéticos con breves afirmaciones enigmáticas. Los diez fotomontajes con que comienza el libro y cada uno de sus capítulos fueron hechos en colaboración con Suzanne Malherbe, quien, por razones desconocidas, las firmó bajo el seudónimo de "Moore". Los fotomontajes contienen una colección de imágenes que incluye autorretratos reciclados, retratos de otros, ojos, manos, animales y objetos, así como palabras y cartas.
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