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NUEVA YORK

Partí de mi ciudad natal rumbo a la Ciudad de México, el 10 de octubre de 1957 a las nueve de la noche. Era luna llena y estuvieron a despedirme, familiares y amigos. En el desierto, se podía ver todo con bastante claridad en la luz blanca de la luna llena y yo no pude dormir durante el trayecto que duró 36 horas.

No era la primera vez que pasaba por el desierto sin poder dormir, pero ahora, era diferente. Todo me parecía maravilloso y no dejaba de sorprenderme. En la radio, en el noticiero de Guillermo Vela, en la W, la noticia que ocupaba todo el tiempo, era la del extraño sonido que venía de la estratósfera. Era el bip bip del Sputnik. Para la humanidad significaba algo que no pudo comprender entonces, pero que con el tiempo demostró ser el principio de un cambio radical para su evolución.

Doce años después, me tocó atestiguar los cambios que se habían llevado a cabo hasta entonces, con la llegada triunfal de los astronautas que habían ido y regresado de la luna. El desfile acostumbrado en las grandes ocasiones, que partía de Battery Park, atravesando el distrito financiero de Wall Street para luego seguir por la Avenue of the Americas.
  Durante ese lapso, tuve oportunidad de experimentar dos situaciones muy estimulantes, pero totalmente diferentes: llegar de mi ciudad con 180,000 habitantes a otra con dos millones y luego a la que, en ese tiempo, contaba con cinco millones.
La experiencia neoyorkina fue definitiva para mi formación en el campo de la fotografía. Solamente tenía tres años en el medio y ya había logrado que se reconociera de algún modo mi trabajo, con mi participación en los Pre-Olímpicos, luego en la XIX Olimpiada y con una exposición colectiva en una rama de la Biblioteca Pública de Nueva York, además de la publicación de una de mis imágenes en el New York Times y dos más en diferentes números de LIFE en español.

Por 22 años estuve yendo a veces hasta tres veces al año a Nueva York, y recogiendo toda clase de imágenes fotográficas, visitando museos y galerías y conociendo gente interesante.

El conjunto que se ve en pantalla en Temporarios, una selección de la enorme cantidad de imágenes que hice durante de 1967 a 1989, en blanco y negro y color y en los formatos medio y pequeño, son una muestra de mi evolución como hacedor de imágenes fotográficas en un medio distinto al cotidiano, pero estimulante en grado máximo, con una luz muy distinta de la de México.