Reconocer los colores o luces de colores, y asociarlos con los materiales a nuestra disposición para realizar una serie de relaciones cromáticas aceptables, no es cosa fácil. No hay que pasar por alto el hecho de que el fotógrafo, a diferencia del pintor, principia con la obra terminada. Una vez que se acciona el obturador, ya no hay marcha atrás, ni posibilidad alguna de corregir o cambiar el resultado.
Ciudad de México, marzo del 2010
|