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El propósito de Con ojos propios va más allá del muy satisfactorio hecho de ver mi trabajo en estas acogedoras salas del Centro de la Imagen –sin duda, el foro más importante de la fotografía en México. Estoy complacido y conmovido, y por eso hago patente mi agradecimiento a mis amigos de este entrañable lugar por toda su ayuda, motivación e interés para que esto se haya logrado. De verdad, ¡muchas, muchas gracias!

La primera intención de esta exhibición es, siendo un poco egoísta, reconocerme en el carácter específico de mi individualidad. Hay aquí desde imágenes enraizadas en un tradicionalismo fotográfico, donde la fotografía registra la apariencia de algo en el entorno, hasta otras donde no se intenta mostrar ni describir nada de lo concreto de nuestro mundo visible. En estas últimas, se encuentran presentes elementos reconocibles en su materialidad, que no tratan de definir ningún aspecto formal, sino que son funcionales en el campo de una cierta concreción de la subjetividad. Espero que sea evidente, para quien visite esta exposición, que sigo en la búsqueda, un tanto utópica, de mi propia realidad.

El principio de esta actitud diferente tiene que ver con una difícil decisión tomada desde los años setenta, cuando en medio de la desubicación y confusión propias de aquella época, recibí de mis amigos y maestros consejos valiosos. Dos de ellos han sido fundamentales en mi camino: "No vayas en contra de tu naturaleza" y "Acepta tus imágenes". En ese entonces, ese principio de identidad se antojaba casi imposible, ya que era necesario desafiar el fuerte mandato social que claramente indicaba "lo que se tenía que hacer". Y desde luego, "lo que se tenía que hacer" no era lo que más me motivaba. Con todas esas dudas, comencé a jalar poco a poco el hilo de mis asombros desquiciados. Hoy, afortunadamente, se ha convertido en una gran madeja espiritual con la que permanentemente estoy enredado en un profundo sentido de satisfacción emocional, donde me encuentro con imágenes que para mí son significativas. Actualmente me resulta indudable cómo ese incipiente instinto de libertad y las ideas de muchos otros generaron mi independencia creativa.

La visión interior, pocas veces consciente, es diferente de nuestra natural y común visión fisiológica, así que he estado intentando ver diferente: con otros ojos.
  En mi sensibilidad interna, me ha interesado descubrir o redescubrir esas otras realidades alteradas de materialidad, inherentes al mundo que nos rodea. Disfruto al ver los cambios que, en su ámbito plástico, experimenta la materia y así muestro algunas cosas no como son, sino como creo que podrían ser dentro de la fertilidad de una imaginación pensante. Sin embargo, tal vez nunca logre cumplir mi cometido, ya que como dice Gaston Bachelard: "La realidad solamente es lo que es, todo lo demás es interpretación".

Comprendo claramente el rechazo al que me enfrento. Entiendo que el gusto con el que apreciamos lo que percibimos sensorialmente se basa muy poco en un razonamiento de carácter estético o de aprehensión de lo bello. Se puede decir que el gusto por algo tiene que ver más bien con el reconocimiento de lo ya conocido y la satisfacción de nuestras expectativas, de acuerdo a nuestra sensibilidad particular. Si algo llega a nuestros sentidos y sentimos que nos brinda confort, o que al menos no nos incomoda, decimos entonces que ese algo nos gusta.

Sé que me encontraré también con algo de honesto agrado por lo realizado, y que esto servirá en alguna medida para apuntalarme y para estimularme a continuar tratando de descontextualizar, alterar, modificar, confundir y hasta esconder la materia visual con la que actualmente trabajo. Casi siempre intento permanecer en el ámbito de la subjetividad, donde surge una gran debilidad dialéctica, que paradójicamente le abre la puerta a un cierto esfuerzo imaginativo y a un modo de intuición visual. Aquí se encuentran imágenes que siguen buscándose para llegar a ser verdaderas e independientes de quien, sin tener la certeza de comprenderlas, se ha atrevido a sentirlas e imaginarlas. Todo esto no constituye ninguna virtud, pero tampoco lo contrario. Se trata únicamente de una manera, entre las muchas que hay, de entablar mi romance con la imagen.

Con el ánimo de que el espectador tenga una experiencia más intensa y productiva que el simple hecho de observar, recomiendo que tome en cuenta que la fotografía normalmente dice más de lo que muestra y que puede haber algo allí diferente de lo que espera encontrar. Tal vez hasta seamos capaces de sublimar alguna idea. Y, por supuesto, reivindico que se me otorgue el derecho de expresarme de la manera en que lo hago. Y no obstante, creo que de ninguna manera se debe condicionar la sensibilidad y el gusto personal a nada de lo que en estas paredes está colgado.

                                                Jesús Sánchez Uribe