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     Reflexiones y testimonios entorno          
a la parálisis cerebreal          


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FOTOGRAFIAR LA OTREDAD  | ¿Qué podemos decir de las fotografías que nos hacen ver lo que no queremos ni mirar? Vivimos en un mundo que hace alarde insistentemente de sus defectos a través de los medios modernos. Nos restriegan en la cara sus llagas de hambre, de dolor, de tristeza. ¿Acaso nos informan? ¿Qué hacemos con esa información? ¿Nos entristece? ¿Cómo vivimos con esa tristeza? ¿Nos humaniza? En un mundo tan cruel, ¿queremos ser más humanos o es preferible aceptar el incremento de la robotización y la deshumanización?

En la medida en que podemos hacer una elección, escogemos la de ser humanos. Somos animales sociales, y la capacidad de sentir empatía hacia otros está en nuestra naturaleza. Una de las intenciones de las fotografías de Enrique Villaseñor es mostrar la humanidad fundamental de los niños y niñas que sufren de parálisis cerebral, al mismo tiempo que revela su otredad. Los otros –los que no son como nosotros– siempre han sido sujetos para quienes llevan las cámaras. Pero la pregunta más apremiante no es tanto lo que están fotografiando, sino de qué manera esa alteridad está representada en las imágenes.

Villaseñor quiere demostrar que, a pesar de lo impactantes que pueden ser esos infantes para las miradas promedio, son tan humanos como los “normales” y merecen reconocimiento como tales e integración al mundo social.

El fotógrafo lleva a cabo esa afirmación mediante una estética basada en gran parte en la relación afectiva que pudo trabar con los niños. Este delicado nexo entre el fotógrafo y los fotografiados el –rapport, el “entendimiento”, que es tan difícil de describir pero aparente a la vista– es la primera mediación en la fotografía documental. Las niñas y los niños devuelven la mirada de la cámara como si estuvieran mirando a los ojos de su “tío” Enrique, con quien han estado jugando, jaloneándose, abrazándose y dándose besos. Son cruciales las risas y sonrisas que captura Villaseñor, pero igual de importante es la participación de los pequeños en las fotos. Su animada interacción con la cámara afirma que, más que sujetos del aparato, son participantes en el proyecto de Enrique. Y, en efecto, esa parece haber sido la realidad desde que empezó a fotografiarlos. Nos cuenta: “Hace catorce años fui a una fiesta de Halloween organizada en la Asociación Pro Personas con Parálisis Cerebral (APAC) con una amiga que tenía allí, una niñita llamada Deni, e hice unas fotos. Regresé para mostrárselas y tomar más. Ellos disfrutaban tanto que yo los fotografiara. Parecería que no les iba a gustar, pero sí les gustó”.
  El movimiento de los niños y las niñas dentro de los encuadres, y a veces el de la cámara misma, va en contra de la objetivación fotográfica. Da una sensación de cuán activos son los niños, cuán vivos y deseosos de superar, en la medida de lo posible, su situación. Asimismo, los acercamientos sobre sus ojos y dientes los “normalizan”. Cualquier persona que haya visto a un niño con parálisis cerebral conoce sus movimientos característicos, pero Villaseñor los captura con detalles que minimizan sus problemas y maximizan sus posibilidades. El movimiento en algunas fotos llega a tal nivel de abstracción que deja a los niños como si estuvieran flotando en el espacio, liberados de sus limitaciones físicas.

El fotógrafo creó un taller en APAC para que los niños y las niñas aprendieran a expresarse con este medio. Afirma Villaseñor que es más fácil para ellos escribir con la fotografía que con palabras, y el caso de Augusto, un niño tan afectado que no puede ni caminar ni hablar, pero que hizo un libro de fotos, parecería comprobar su tesis.  En una entrevista realizada en 1996, cuando apenas había empezado con el presente proyecto, Villaseñor reflexionaba sobre la importancia de incorporar la cámara en la vida de uno: “Lo que tú dices a través del fotoperiodismo corresponde a lo que tú sientes, opinas o quieres decir. Ya no eres el empleado donde la foto no tiene nada que ver contigo, sino que ya eres parte de tu foto y además esa es tu vida y te puedes morir por la foto. Eso es, en esencia, el nuevo-fotoperiodista”.  De esta manera, se identifica con las actitudes expresadas por los nuevos fotoperiodistas y sus maestros Nacho López y Héctor García. Pero Villaseñor siempre ha buscado vincular su trabajo con su ser.

Sospecho que lo que dijo Enrique Villaseñor de su trabajo con los niños con parálisis cerebral se podría decir de toda su obra: “Me fui enamorando del proyecto”.

                                                                       John Mraz
                Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades
                                                    " 
Alfonso Vélez Pliego”
                 Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Fragmentos del texto de presentación que será incluido en el libro Quiero Decirte: Reflexiones y testimonios en torno a la parálisis cerebral, próximo a publicarse.